Cómo viven el duelo los niños/as

Actualizado: 9 de dic de 2020

Estamos viviendo una etapa de la vida donde la conciencia de la muerte se esta haciendo muy presente en todos nosotr@s. De una manera u otra estamos continuamente viviendo pérdidas y en este momento se hacen todavia más evidentes.

Los niños viven varios tipo de pérdidas a lo largo de su desarrollo, la pérdida de su juguete favorito, pérdida de amiguitos por cambio de colegio o de casa, pérdida de una mascota, separación de sus padres, pérdida de algún abuelo o abuela etc. Sin embargo, con la pandemia se le añade la pérdida de la vida anterior a esta crisis, donde se vivía libre de miedos y sin mascarillas que limitasen el contacto físico y espontáneo con los demás.


Por esta razón he creído necesario hacer esta entrada en el blog, para poder acompañar conscientemente las grandes y/o pequeñas pérdidas que están teniendo los niñ@s en estos momentos.


La forma en la que un niño/a vive una pérdida va a depender mucho de su edad y de la forma en la que sucedió. Estos dos factores son los que condicionan la forma de elaborar el duelo, siendo los duelos simples mucho mas fáciles de procesar para el niño/a que los duelos complejos.

Hay pérdidas repentinas (muerte inesperada de un ser querido, separación de los padres …). Éstas generan más culpa y malestar que las pérdidas esperadas (fallecimieto de los abuel@s, enfermedades terminales, mudanzas…) que son más fáciles de elaborar.


La edad del niño/a también va a determinar el tipo de duelo.

A edades muy tempranas (de 0 a 3 años) no son capaces de entender cognitivamente que ha pasado pero si lo perciben emocionalmente. Es importante acompañarles desde ahí haciéndoles sentir acompañados física y emocionalmente.


De 3 a 6 años entramos en la fase del pensamiento mágico caracterizado por el egocentrismo donde todo lo que pasa tiene que ver con ell@s. Les cuesta mucho entender la irreversibilidad de lo sucedido y lo pueden vivir como una separación prolongada cargada de tristeza y angustia que descargará de forma intensa, breve y recurrente. Puede que existan sentimientos de culpa que hay que saber identificar y acompañar. Es muy importante en esta etapa darles seguridad y presencia.


Cuando el niñ@ pasa a primaria (7-11 años) ya tiene un pensamiento mas elaborado y entienden la irreversibidad y permanencia de la muerte. Van a realizar preguntas sobre cómo ocurrió, dónde está ahora…todos los datos que podamos darles les calmarán intelectualmente. El niño ya puede expresar a nivel simbólico (dibujos, juego, …)por lo que es importante prestar atención a estas expresiones ademas de lo que nos cuenta verbalmente.


De 12 años en adelante el niñ@ ya tiene una madurez cognitiva suficiente como para poder elaborarlo intelectualmente aunque puede que tenga pensamientos confusos y sentimientos de culpa que interfieran en el proceso. Las actitudes de evitación son recurrentes y pueden proyectar su enfado hacia los demás. En esta etapa les va a ayudar que les demos cierto orden, no dejar que se abandonen y que sepan que estamos ahí siempre que lo necesiten.


En cualquier caso es muy importante comunicarlo a tiempo, de una forma clara sin demasiadas explicaciones abstractas, por un familiar cercano o alguien de mucha confianza para el niñ@, en un lugar tranquilo y seguro, utilizar el contacto físico apropiada y evitando eufemismos que puedan confundir al niñ@, resolver todas sus dudas y acompañar las emociones que vayan surgiendo.


El niñ@ tiene la capacidad de atravesar el duelo de forma natural, sin embargo, hay aspectos que pueden obstaculizar el proceso. Puede estar intentando proteger al padre o madre que queda vivo evitando expresar su dolor, puede que hay recibido introyectos culturales o familiares donde no esta permitido llorar, gritar o cualquier expresión de tristeza o enfado o puede incluso sentirse responsable de alguna manera por la pérdida y que lo viva como un terrible secreto.


Cuando el duelo se cronifica es importante pedir ayuda a un profesional especializado en duelo que pueda acompañar los sentimientos profundos del niñ@ y orientar a la familia.


Hay un cuento que recomiendo mucho porque pone en palabras cálidas y sencillas este sentimiento tan profundo de dolor que se siente en un proceso de duelo, es el cuento “Para siempre” de Camino García.


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