Cuentos terapéuticos

Actualizado: feb 4

Utilizo el recurso de los cuentos terapéuticos con mis pacientes porque facilita el relato de sus propias historias, de sus sentires mas profundos y facilita, mediante el lenguaje simbólico, la reconstrucción de una nueva narrativa mas sana y liberadora.


Cuando en una sesión de terapia me encuentro con la sensibilidad y delicadeza del alma que tengo enfrente no puedo dejar de emocionarme. Este cuento nace de una persona a la que acompaño en su proceso de desarrollo personal y que, poco a poco, va soltando sus resistencias y conectando con su “yo” esencia. Por supuesto, con su consentimiento, os comparto este precioso cuento que habla por si solo…


EL LOBO Y LA HADA

Erase una vez un lobo que era todo careta, un lobo que solo aullaba para ser visto, que mostraba sus dientes afilados para mantener su espacio, que ponía su cara más seria para marcar respeto. Era todo mascara, porque todo lo fiero que era al exterior lo tenía de triste y solo por dentro.

Una noche, cansado y triste después de estar aullando y mostrándole los dientes a toda su manada, decidió irse al bosque. Allí, en la soledad que tanto buscaba, se le apareció su hada. Esta hada era todo paz, luz y armonía y viendo tan triste al lobo decidió preguntarte que le ocurría.

El lobo, como es de costumbre, negó con autoridad que no le ocurría nada, que él era así. El hada, en vez de desistir siguió insistiendo y preguntándole al lobo qué le ocurría. Este, por su parte, seguía en sus trece negando lo que en el fondo le ocurría y sugiriendo que su presencia le estaba importunando. El hada, después de tantas negaciones, pregunto:


"Si mi presencia se te hace molesta, ¿para qué vienes a mí? Recuerda que soy un hada, vengo cuando tu mente quiere. Cuando tú decidas, puedes levantarte y regresar con tu manada

El lobo, después de escuchar esto, ya no mostró los dientes, sino que esbozó la sonrisa mas inocente y purificadora que cualquier hombre en este mundo desearía.


"Querida hada, si estoy aquí y hoy no me he levantado como normalmente hago, es porque te necesito. Porque estoy confundido, porque no soy feliz. He vivido con miedo y vivo con miedo y hoy necesito estar contigo en este bosque hasta que amanezca para que me ilumines, para que me digas que esté tranquilo, que todo va a ir bien, que no tenga miedo, que soy un lobo joven y que, aunque parezca que la vida va muy deprisa, el ritmo lo tenemos que marcar nosotros. Necesito que me ayudes a guiar el camino, que lo que normalmente ha sido gris sea amarillo, naranja, celeste, verde, rosa, rojo, marrón."


El hada, fingiendo estar sorprendida por las palabras del lobo, le preguntó:

"Pero lobo, fíjate en tu alrededor, tienes 7 años, tienes familia, tienes lobos y lobas a tu alrededor que te quieren y te aprecian, tienes salud, tienes como desplazarte, tienes libertad, tienes funciones en tu vida. ¿Qué te falta? ¿de quién tienes o de que tienes miedo?"


El lobo, abatido y sin respuesta, se quedo pensativo mirando la luna llena unos minutos. No se oía nada, parecía que en ese momento en la tierra solo estuviesen ellos dos habitándola. Pasados unos minutos y con la voz entrecortada, decidió hablar.


"Me falta ser feliz y me tengo miedo a mí mismo. Me falta ser feliz con lo que me rodea y tengo miedo a la soledad en un futuro. Tengo miedo a que los lobos de mi manada me vean como un don nadie, me traten con compasión mientras ellos crecen. Me da miedo que todos mis amigos lobos encuentren su futuro con las lobas y yo me quede esperando ese momento. Me da miedo estar desaprovechando cada día que paso de mi vida porque me de miedo lo que me depare el futuro, a ser lo que he sido durante todos estos años. Quiero quitarme ya las dos caretas, la del agresivo autoritario y la del bueno que está para todos. He llegado a la conclusión de que no soy feliz con este rol. Cada vez me da más pereza el relacionarme, cada vez me da más miedo el juicio, no quiero pasarlo más mal en mi vida. Necesito una huida. Ayúdame por favor, ayúdame a huir, a planear una huida sin que mi manada se entera. El viernes a medianoche huimos los dos sin avisar."


El hada, mirando a los ojos y forzando una sonrisa, sujetó las manos y con la voz más sincera que pudo imaginarse el lobo, le dijo:


"Lo siento, no te voy a ayudar a huir. No es el momento, la huida es de cobardes y tú no lo eres. No lo crees, pero eres fuerte, has salido de algunas y vas a salir de aquí. Además, aquí te necesitamos, y queremos ver contigo también ese gris convertido en una lluvia de colores."


El lobo, agobiado y apunto de derramar esa primera lágrima previa al desborde, esa lágrima en la que te quitas un mundo encima de ti, esa lágrima que echa uno siempre de menos. En el momento previo a soltarla le preguntó entre sollozos.


"¿Pero cómo va a ser eso? Aquí ya he hecho todo lo posible, este pueblo, esta manada ya han visto todo lo que soy, ya no puedo dar más. Tú siempre me has apoyado y me has ayudado. ¿Cómo vas a conseguir que sea feliz y que no aullé o muestre esa cara apagada?"


"Mostrándote tu verdad, tu interior. Confía en mí. Hoy empieza tu camino hacia la felicidad."


Después de eso, el lobo sintió como sus piernas le pesaban y que le inundaba un calor interno por todas las partes de su cuerpo. Sintió como se le agitaba el pecho, como latía su corazón, como le salía humo de sus orejas. En un ímpetu, saltó y abrazo a su hada y entre lágrimas dijo:


"Hoy empieza mi camino. Ayúdame"